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Comprender y amar la música
Comprender y amar la música 

Editorial: Océano -Ámbar

http://www.oceano.com

ISBN: 978-84-7556-518-7

Precio 14 €

175 páginas

Un principio
¿Por qué desde la Edad Media? Como tantos libros de Historia de la Música, podríamos haber comenzado desde la antigua Grecia o incluso desde la prehistoria. La razón es bien sencilla: a pesar del amplio conocimiento que poseemos sobre las bases filosóficas y matemáticas de la música en la cultura griega, así como sobre sus instrumentos e incluso funciones terapéuticas, bien poco es lo que sabemos sobre cómo sonaba en realidad y apenas si se conservan una decena de fragmentos de “partituras” grabadas en piedra o transcritas al papel. Por otro lado, si empezáramos desde la prehistoria, pintoresco inicio de numerosos tratados musicales, no podríamos ir más allá de las más elementales hipótesis arqueológicas basadas en el sentido común.

La elección de este punto de arranque, obedece a que es partir de la Edad Media cuando disponemos de un fondo documental lo suficientemente rico como para hacernos una idea de su realidad sonora. Si bien no son códigos en absoluto fáciles de descifrar, a veces crípticos, incompletos o ambiguos, en muchos casos esta opacidad lo es sólo bajo nuestra perspectiva. No debemos olvidar que, en cualquier época, la información no especificada también puede indicar la normalidad de una determinada práctica. He ahí uno de los primeros inconvenientes con que se encuentra el especialista en música medieval, así como lo que hace insufrible una interpretación que, en aras de un purismo radicalmente erróneo, ignora todo aquello que no está explícito en la partitura. Cuando decimos que hay mucha más música más allá de la que está escrita, aunque poseamos el manuscrito o su transcripción, nos referimos sólo a la parte que debe hacerse audible. Las infinitas resonancias personales y colectivas que cada obra deja en nuestro espíritu pertenecen a una metafísica apenas transferible a través de la palabra escrita. Sólo puede y debe ser vivenciada.

La ópera
He ahí el fruto tardío de una infatigable búsqueda, el gran ¡eureka! del músico renacentista. Como ya hemos visto, el arte de este período intentó recrear los cánones de belleza grecoromanos. Si bien esto es algo que los artistas plásticos y los arquitectos lograron con creces, también hemos visto que en el caso de la música no podía ser así, debido a la falta de modelos tangibles. Pero no por ello músicos y teóricos cejaron en su empeño. Así fue como, inspirado en la tragedia griega, que suponían cantada, surgió un nuevo género basado en los parámetros del madrigal monódico que acabamos de describir: una obra teatral puesta toda ella en música según un estilo en el que predominaba el recitar cantando junto a coros y fragmentos instrumentales. Se le llamó Opera (“obra” [teatral]) in musica y fue una auténtica revolución. Por fin los músicos también habían encontrado su piedra filosofal, aunque ya sin tiempo para registrar el invento dentro del período que les inspiró en su búsqueda. Todo esto ocurría alrededor del año 1600. Podemos afirmar, por tanto, que desde una inquietud renacentista, el madrigal monódico y la ópera constituyen el inicio del período Barroco.

Retórica musical
A pesar de formar parte de todas las músicas, es éste un factor que alcanza en el periodo barroco la plenitud de su significado. Por retórica entendemos la identificación del discurso musical con el verbal, definido tanto por la estructura del discurso en si, como por los recursos utilizados por el orador para convencer y conmover a quienes le escuchan. Del mismo modo que en la oratoria estos recursos pueden abarcar aspectos como el tono de voz, el énfasis sobre algunas palabras, la elipsis o el recurrir a la paradoja, la ironía o la alegoría, los teóricos de la música llegaron a establecer complejos sistemas de categorías expresivas que los compositores enriquecían y utilizaban de manera plenamente consciente. Así, con la misma intención de movilizar tanto la mente como los estados emocionales del oyente, la retórica musical barroca incluía desde el significado expresivo de cada tonalidad y diseño melódico, hasta la utilización de símbolos a veces muy evidentes por el hecho de ser puramente descriptivos, y otros verdaderamente crípticos. El caso más extremo de esto último lo hallamos en la simbología numérica  presente en la obra de J.S. Bach.

Gamelán
Auténtico paraíso para náufragos, el archipiélago de Indonesia es el más grande del planeta: lo forman más de seis mil islas, la mitad de las cuales permanecen aún deshabitadas. La mayoría de ellas constituyen la República de Indonesia, con unos trescientos grupos étnicos que hablan más de doscientas cincuenta lenguas y siguen religiones varias. Sus estilos de vida son muy diferentes, hay pueblos que viven de cara al mar y otros que nunca lo han visto, así como pequeños núcleos tribales al lado de grandes ciudades modernas. Pero hay algo que los une: el gamelán.

Quizás nunca hasta ahora hayamos oído este nombre. No es un instrumento, sino toda una “orquesta”; un conjunto, variable según de qué isla provenga, de instrumentos metálicos de percusión. También puede incluir algún tambor, unos pocos instrumentos de cuerda o viento y la voz humana. El gamelán se empezó a conocer en Europa a partir de la Exposición Universal de París de 1889, donde cautivó a un joven Debussy, influyendo además en la creación de su nuevo estilo.

Dice la leyenda que los habitantes de la isla de Java escucharon una música celestial tocada por unas manos invisibles... era Shiva, una de las tres divinidades mayores del panteón indio, que, volando sobre su toro blanco, venía a ordenar la construcción de una plantilla de instrumentos diseñada por los mismos Dioses. Es por eso que las funciones de este extraordinario conjunto, son, además de artísticas, mágicas y rituales. Pero no creamos que por tener un origen mítico, el gamelán sea algo del pasado: la radio emite diariamente su música, y su presencia es indispensable en el teatro, la danza, los espectáculos de marionetas y todo tipo de fiestas y celebraciones. De su brillante y extasiante sonido, se dice que posee misteriosos poderes curativos.
 

 
 

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