Una de las funciones más tradicionales y prosaicas de la música, la de ser expresamente escrita para acompañar a gente comiendo, adquiere los siglos XVII y XVIII las características de un género asiduamente cultivado. Por eso, si tuviéramos que extrapolar el término literario «best-seller» al campo de la edición musical barroca, encontraríamos uno de los ejemplos más espectaculares en la Tafelmusik (Música de Mesa) de Telemann. Publicada en 1733 en tres largas partes, iba a dirigida a aficionados con suficientes medios económicos como para asumir el elevado precio de la partituras: ocho táleros imperiales, lo mismo que Johann Sebastian Bach podía recibir para pagar a toda su orquesta! Aún así, encontró a más de 200 suscriptores dispuestos a figurar en una ilustre lista que no sólo incluía a reyes, nobles y ricos comerciantes, sino también numerosos músicos como el propio George Frideric Handel. Éste no sólo la debió disfrutar, sino que también se «alimentó» metafóricamente de la Tafelmusik de su colega, ya que cita numerosos fragmentos en sus obras.
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