El propio Berlioz escribió que, «si me obligasen a destruir la totalidad de mi obra excepto una pieza, salvaría la Misa de los muertos.» Encargo del gobierno francés en 1837, esta “gran misa” no es otra cosa que un Réquiem de colosales dimensiones, con el mismo texto en latín que tantos otros compositores han musicalizado a lo largo de la historia, aunque tratado con algunas licencias. 400 intérpretes, entre instrumentistas y cantantes, participaron en su estreno. Al respecte, el propio Berlioz también dejó escrito lo siguiente: «este número es relativo, ya que si es posible y el espacio lo permite, aún habría que doblar o triplicar el número de voces y aumentar el de los instrumentos en proporción».
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