Las dos músicas de pasión escritas por Johann Sebastian Bach, la Pasión según San Juan y según San Mateo, como tantas otras grandes obras del repertorio más consolidado e interpretado desde hace algunos siglos, plantean tantas más dudas y abren tantos más caminos que no nos aportan respuestas cerradas. En este caso, resulta curioso observar que el primer catálogo de la obra completa de su autor, realizado por sus propios hijos, nos habla de la composición de cinco pasiones. ¿Cómo se explica esto? Podemos hablar de tres pasiones perdidas? O incluso de «pasiones inexistentes»? Trataremos de dilucidarlo en la medida que podamos, adentrándonos no sólo en los datos que buenamente nos lo pueden aclarar, las cuales salen en buena parte del marco contextual que las hizo posibles. Pero si nos atrevemos a dar un paso más y entramos a descifrar los símbolos y códigos que nos permiten entender mejor todo lo que nos dicen entre líneas, todo lo que abren a la intuición y/o a un conocimiento hermético que no necesariamente poseía su púbico y aún menos el púbico actual, vemos que es una música que va mucho más allá de unas premisas funcionalese en la liturgia luterana, para alcanzar un nivel de trascendencia realmente sobrecogedor. Buscaremos, en definitiva, una vivencia que, a pesar de la obligada distancia temporal, nos ayude a escucharlas desde dentro como si fuéramos su primer público, sus primeros intérpretes, o incluso como si las estuviéramos escribiendo nosotros mismos.
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