Escrito cuando ya su autor goza de un merecido prestigio internacional, no debemos olvidar que esta obra de madurez, aparentemente el único concierto para violín de toda su producción, es en realidad el segundo si tenemos en cuenta el gran número de obras de niñez que no vieron la luz sino póstumamente. Un interesante «Primer» concierto para violín escrito a los trece años estaría pues en las raíz de esta obra fundamental del repertorio romántico, capaz de extraer toda la magia y energía que este instrumento puede guardar en su interior.
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