El doctor Fausto, ya con una larga trayectoria antes de que Goethe lo elevara a la categoría de mito, es uno de esos personajes que ha cruzado todos los campos de las artes. El deseo de conocimiento, siempre insatisfecho, es el motor que lo lleva hacia su condenación o salvación según qué autor le trate. La música también lo ha retratado en innumerables ocasiones, muchas de ellas con la categoría de obras maestras, especialmente en manos de los compositores románticos.
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