Después de una más que fértil carrera como compositor de dramas históricos y sentimentales, y después de varios intentos de “jubilación”, imposibles cuando la chispa del genio sigue pugnando para salir a la luz y espera cualquier excusa para volver a ejercer, un Verdi de 80 años nos hace reír a corazón lleno con una nueva versión de un Shakespeare que, si es posible afirmarlo así… ¡¡¡sale beneficiado!!! Y ya sabemos que esto no es frecuente en las adaptaciones operísticas… Lleno de frescura, jovialidad, sorna inteligente y –sobretodo– desafiando cualquier tópico sobre la edad, el autor no tiene el menor miedo a inaugurar un camino de total originalidad en el campo musical.
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