En el año Beethoven, abordamos un canto a la libertad y a la dignidad humana que trasciende a todos los tiempos. Quizá precisamente por este deseo de trascendencia, el autor revisó una y otra vez la partitura, e incluso el título –que durante unos años fue Leonora— fue puesto en duda y cambiado varias veces. Reconociendo la dificultad que para él representaba abordar un género que para otros parecía tan sencillo, uno de los mayores músicos que nunca han existido entró también en la historia de la ópera.
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