El joven Sigfrido recupera, sin ser demasiado consciente de su significado, el anillo procedente del oro original y todas las riquezas que éste ha generado. Un gran tesoro acumulado y nunca gozado por aquellos que lo poseyeron queda abandonado en la “Cueva de la Envidia”. Pero el auténtico tesoro lo halla al despertar a Brunilda, la cual, habiendo perdido la condición de divinidad, abre los ojos como mujer en un mundo que no entenderá.
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