Tan sorprendentemente desconocida como su Cuarta, la Segunda de Beethoven nos muestra ya el camino de originalidad y altísima calidad que seguirá en las siguientes sinfonías. Fue compuesta en 1802, pocos meses antes de escribir el conocido como Testamento de Heiligenstadt, un desolador documento en el que asume finalmente la realidad irreversible de su sordera. Sin embargo, y contradiciendo la tragedia del devenir personal, en lugar de reflejar angustia lo que transmite es vitalidad y optimismo.
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