Las fechas en que fue escrita la Sinfonía num. 4, entre los veranos de 1899 y 1901, resumen la encrucijada en el tiempo que vivió Gustav Mahler: el paso del siglo XIX al XX. Si bien mantiene el formato “clasico” del género en cuatro movimientos instrumentales, en el último introduce la voz humana, continuando así la línea de sus dos sinfonías anteriores con el claro referente de la 9a. de Beethoven en mente. A pesar de ello, la grandiosidad de ésta y la monumentalidad cósmica de sus 2a. y 3a., contrastan con la aparente inocencia del final de la 4a: una canción para soprano y orquesta, que nos presenta una peculiar visión del paraíso.
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