Escrita en relativamente poco tiempo si la comparamos con la larga gestación de la mayoría de sus obras, el propio autor la definió como «pequeña sinfonía». Esto, junto con sus proporciones clásicas y el sentido del humor que la impregna, quizá contribuyó a que a medida que avanzaba el siglo XIX y ya entrando en la historiografía a menudo grandilocuente de principios del XX, se la viera como una creación menor comparada con la mayoría de sus títulos y la aspiración trascendente que emanaban. Hoy, libres de prejuicios, podemos disfrutarla como genial pieza de madurez escrita con una elevada e impecable conciencia artística, independientemente de su corta génesis y aparente ligereza.
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