Curioso pero cierto: la partitura puramente “incidental” para una obra capital de la literatura universal, ha dado lugar al fragmento más explotado de toda la historia de la música : la conocida y omnipresente Marcha nupcial. Pero más allá de la curiosidad y las coincidencias divertidas, es de la mano de Mendelssohn que toda la magia del texto shakespeariano, ya de por sí repleto de indicaciones y sugerencias musicales, sale a la luz con una frescura etérea bien propia de las hadas que lo protagonizan.
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