Algunas piezas del repertorio clásico han alcanzado una aureola de prestigio y excelsitud que no siempre se traduce en el placer que debería comportar su audición, por lo que vale especialmente la pena redescubrir la genial obra maestra que son. Quizás uno de los casos más representativos serían las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach, un largo discurso pianístico con secciones de vértigo escrito originalmente para un clavicémbalo de dos teclados. Desconcertados por su duración y profundidad, a menudo sólo podemos captar su enorme valor cuando nos adentramos en su legendaria y fantasiosa génesis, sorprendentes antecedentes e impecable construcción. Así también entenderemos por qué todo pianista se desvive por tocarlas, y –sobre todo– podremos disfrutarlas con la absoluta plenitud que merecen.
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