La Cantata del café nos muestra un J. S. Bach distendido al cual tal vez no estamos acostumbrados, pero que sin embargo existe y no es incompatible con la erudición y mística complejidad de muchas de sus obras más conocidas. Sólo hay que pensar en sus cantatas luteranas o en las pasiones… Pero a su lado también tenemos el Bach de las cantatas profanas, llenas igualmente de una inteligencia musical a la cual podemos sumar no sólo un delicado toque de humor, sino incluso una sutil crónica social de su tiempo. Aquí nos habla del fenómeno de la popularización del café, ligeramente pecaminoso por su sensual aroma y por ello mal visto que lo tomasen las chicas; de la relación entre padres e hijos, o incluso de los vestidos de moda en su tiempo. Y si queremos seguir mirando más allá –o más adentro– de esta nunca mejor dicho deliciosa partitura, podemos ver al propio Bach, padre de numerosas hijas tal vez también amantes del café como sabemos que él mismo fue.
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