El concierto, vehículo idóneo para el lucimiento virtuosístico, lo es también para la expresión de una dialéctica entre individuo y colectividad que el verdadero creador sabe llevar por caminos de enriquecimiento mutuo. Esta dicotomía llega a la síntesis de la mano de Chopin y sus dos conciertos para piano. Obras de juventud, el autor ya no cultivará más el género orquestal para reconducir su música hacia el intimismo del piano en solitario, o excepcionalmente junto a un pequeño grupo de cámara.
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