Una profunda crisis artística hizo plantearse a Schönberg una pregunta bastante pertinente: ¿era la armonía tradicional, basada en la tonalidad, un camino ya agotado? Después de años de reflexión en los que la dejaría totalmente a un lado para crear obras atonales, llegó a la conclusión de que había que crear un nuevo sistema. Así apareció el dodecafonismo (o serialismo), una forma de organizar esta atonalidad a partir de una ordenación predeterminada por el propio compositor de los doce semitonos que integran la escala cromática.
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