Por alguna razón que desconocemos, al final de una vida especialmente dedicada a los servicios religiosos luteranos, Bach decide componer una gran misa católica. De entrada el hecho puede parecer chocante, y aún más cuando vemos que para esta magna composición emplea, no sólo un amplio mosaico de estilos que abarca desde los lenguajes musicales más arcaicos hasta los más modernos, sino que prácticamente toda ella proviene del reciclaje de obras anteriores, muchas de ellas de origen profano. La sorpresa llega al máximo cuando vemos, como es habitual en este autor, un profuso uso de la simbología. Y todo ello, en una obra que nunca escuchó en su totalidad, y probablemente tampoco esperaba hacerlo… Será bueno hablar de ella con detenimiento, expandiendo al máximo nuestra capacidad de percibir la maravilla: la mejor manera de abordar el mejor arte y por supuesto, la música de Johann Sebastian Bach.
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