El piano, hoy para nosotros un instrumento prácticamente perfecto, en el período barroco no era más que un artefacto torpe y pesado que en modo alguno podía competir con otros instrumentos de tecla como el clavicémbalo y mucho menos el órgano. Sin embargo, sí podía hacer algo tan elemental como tocar fuerte o suave, cosa que no podía hacer el clavicémbalo. De ahí surge el nombre de fortepiano o pianoforte. En la década de los 1730, Bach conoce al constructor Gottfried Silberman en la corte de Prusia, importante continuador de un proceso que había nacido con Bartolomeo Cristofori en Florencia a finales del siglo anterior, y que culmina en la época clásica con un «triunfo» que será ya verdadera apoteosis en el romanticismo. Por eso no se hicieron esperar las adaptaciones al piano de la música de Johann Sebastian Bach, en especial las originales para clavicémbalo. Sin tener que cambiar ni una nota, parecía que esperasen el nuevo instrumento… o al menos los pianistas poder interpretar en él su música.
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