Con un lenguaje apasionado y romántico propio de su tiempo, por fin recuperamos la obra de Louise Farrenc (1804-1875). Con mayor repercusión en su ya bastante difícil tiempo que en la posteridad, Farrenc no sólo logró estrenar y publicar su música, la cual fue elogiada por Schumann y Berlioz, sino que fue una de las primeras mujeres en obtener la cátedra de piano en el Conservatorio de París, eso sí con un sueldo inferior a sus compañeros que tardó años en ser equiparado. Pero no es tanto eso lo que hoy nos importa, a menos que deseemos seguir hurgando en la herida de la injusticia histórica, sino la calidad de sus dos Quintetos para piano y cuerda, los cuales podemos poner junto a referentes indiscutibles como el Quinteto por a piano y cuerda de Robert Schumann, o quizás aún más el Quinteto «la Trucha» de Schubert, con el que comparte idéntica plantilla.
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