En Schumann, podemos asociar el fenómeno del impulso creativo a la imagen de sucesivos «tsunamis» (el de la música para piano solo, el del Lied, el de la música de cámara y sinfónica…) a menudo ligados a eventos vitales de crucial importancia. Sin embargo, estas oleadas creativas son también fruto de un profundo estudio y lúcida reflexión sobre los distintos vehículos de expresión en los que debe encarnarse la música para hacerse audible, comprensible y emocionalmente impactante. Así, el Quinteto con piano en Mi bemol mayor, es el resultado final de la idea de componer cuartetos de cuerda que desde hacía tiempo le interesaba, pero había quedado en varios borradores. Una vez cerrado el conocido como «Año de Lied» de su boda con Clara, fue el estudio riguroso de los maestros vieneses del cuarteto (Haydn, Mozart y Beethoven), junto con la tremenda elevación emocional que supuso la nueva vida de pareja con la mejor pianista de su tiempo, lo que finalmente encendió la chispa de una obra y plantilla que ya desde su estreno se convirtió en referente romántico por excelencia.
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