«Cada vez que escucho el Quinteto en sol menor de Mozart, me tengo que esconder en el rincón más remoto de la sala para que nadie vea como me afecta aquella música». Son palabras de Tchaikovsky, tal vez sorprendentes por el hecho de provenir de un compositor emblema del período romántico, haciendo referencia al “clásico” Mozart. Sin embargo, son una prueba más del poder emotivo de una obra introspectiva que transciende las épocas. Si bien a cada uno de sus oyentes le suscitará un efecto diferente, a todos nos hace coincidir en el calificativo de “maravilla”. Una música, tal vez soñada, escrita sin la motivación de un encargo, en una época en que sobrevivir empezaba a ser difícil para su autor.
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