«Nunca podré escribir una sinfonía… ¡No sabéis lo que es oír detrás tuyo los pasos de un gigante!». Sea o no directamente suya, la tan a menudo citada frase atribuida a Brahms refiriéndose a Beethoven y a cómo le bloqueaba la sensación de tener que alcanzar el listón al que éste había dejado el género sinfónico, expresa de forma muy clara la presión a la que se sintió sometido durante los más de 20 años que tardó en quedar satisfecho con lo que consideraba una tarea titánica. En medio, decenas de borradores pasan a formar parte de otras obras o son definitivamente descartados, para llegar finalmente a lo que parecía imposible: una sinfonía formidable, en la cual Beethoven ya no es un gigante atemorizador sino un compañero de viaje claramente homenajeado entre líneas.
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