Rafael Esteve

«1000 años de Espíritu Creador»

Desde el canto gregoriano hasta el más riguroso presente, existen algunos textos religiosos recurrentemente musicalizados. Sin duda los principales serían los procedentes de la Misa, pero también el Magnificat y muchos más. Probablemente escrito entre los siglos VIII y IX, la invocación al Espíritu Santo titulada Veni Creator Spiritus, literalmente «Ven Espíritu Creador», podría ser el clamor universal de todo artista. Quizá por eso tantos compositores lo han trabajado, desde los polifonistas de la última Edad Media y el Renacimiento, hasta contemporáneos como Carl Orff o Arvo Pärt. Incluso la cantautora Lidia Pujol se ha hecho sobre él una preciosa versión politextual. Estrenada en 1910, destacamos la ferviente vehemencia con que lo aborda Mahler en la primera parte de su 8a. Sinfonía.

Sinfonía núm. 5

Todos estamos marcados por nuestro contexto histórico, y el arte siempre es un exponente clarísimo de ello. Sin embargo, cuando una obra ha pasado a la historia, es también evidente que representa algo más que el reflejo de una época. Por eso, aunque contextualizarla es parte fundamental de nuestro trabajo, hay algo que sólo resplandece en el resultado final, y no siempre encontramos las palabras que lo explican. Es cuando decimos lo de «ha trascendido el tiempo…»
Pero si hay un compositor marcado por la política de su país hasta el punto de irle la supervivencia física, al igual que muchos de sus compañeros de generación, éste ha sido Dmitri Shostakovich. De ahí la desigualdad de resultados artísticos que le supuso escribir música al dictado de un régimen tan salvaje y analfabeto como lo fue el de Alemania hasta 1945. En su Quinta sinfonía la lucha es clara, pero afortunadamente quien sale vencedor es el autor y la calidad musical de la obra.

Sinfonía núm. 5 y medio

Ya solo el título de la obra nos pone en una sintonía muy diferente a la serie la cultivan en exclusiva, pero a menudo la tendencia a lo trágico y/o trascendente les ha marcado el camino. Eso sí, dando como resultado obras de una profundidad y calidad incomparables! Quizás en los Estados Unidos de América, hijos igualmente de la tradición europea, esto no es tan evidente, y esta obra obra de Don Gillis es una buena muestra ello. Nos servirá también de punto de partida a un breve viaje/resumen por la música tonal norteamericana del S. XX, con una rápida visión a autores y autoras como Charles Ives, George Gershwin, Aaron Copland, Ferde Grofé, Leroy Anderson o Florence Price.

El Moldava.

Má Vlast (Mi patria) es el conjunto de seis poemas sinfónicos que Bedřich Smetana dedicó a su patria, hoy la República Checa y entonces parte del Imperio Austrohúngaro. Entre ellos hay uno que ha hecho vida propia, hasta el punto de que poca gente sabe que forme parte de un conjunto más amplio: el retrato casi cinematográfico del recorrido del río Moldava, también conocido por nosotros como Vltava o Moldau. Sin embargo, será poniéndolo en relación con las otras obras de la serie que acabaremos de entenderlo, a la vez que nos sorprenderá encontrar su famosa melodía en contextos de lo más diverso. Hija inequívoca del nacionalismo romántico, la obra nos demuestra así su universalidad.

Así habló Zarathustra

Friedrich Nietzsche (1844-1900), cuyas fechas vitales le sitúan en el umbral del Siglo XX, subtitula su Así habló Zarathustra como “un libro para todos y para nadie”. Este conjunto de reflexiones en lenguaje poético escritas entre 1883 y 1885, a finales del Romanticismo, siguen siendo hoy igualmente enigmáticas y, en todo caso, no dejan a nadie indiferente. También resulta significativo que el propio Nietzsche afirme que Zarathustra “se podría considerar todo él música”. No es de extrañar pues que haya tenido varias secuelas musicales, como la del compositor Richard Strauss. Fascinado por la obra, en 1896 escribe un poema sinfónico con el mismo título que no sólo se ha convertido en una de las piezas más populares del repertorio  (especialmente por su inicio), sino que ha tenido también consecuencias en las otras artes, la más conocida de las cuales es el uso cinematográfico que realiza Stanley Kubrick en 1968 en su 2001: una odisea del espacio. Así pues, el supuesto “para nadie” del subtítulo queda ligeramente puesto en duda, y hoy –cuando incluso el mítico año 2001, puerta de entrada al Siglo XXI, queda bastante atrás-, conocer la obra de Strauss implica conocer también todas estas referencias sin olvidar su altísima calidad musical.

Más allá del «Lieto fine»

El desenlace de una ópera en final feliz (lieto fine) que, al menos hasta el siglo XIX con tanta frecuencia encontramos, podría encajar con la tradición de acabar con un allegro o presto trepidantes propia del repertorio instrumental. Sin embargo, a veces hay algo más: la culminación de todo un viaje emocional y espiritual que podría resumirse con la sentencia latina per aspera ad astra (de la dureza a las estrellas), y que a veces también se conoce como «paradigma de redención». Ya sea en tempo rápido o lento, con o sin texto, de forma explícita o implícita…, muchas obras que plantean una dialéctica de tensión entre determinadas tonalidades, temas o texturas musicales, reflejan también una peregrinación hacia la plenitud que estalla en las últimas secciones.

Las «Ensaladas» de Mateo Flecha

Poco sabemos de Mateo Flecha «el viejo», autor catalán probablemente nacido en Prades en 1481 y fallecido en el monasterio de Poblet en 1553. Sin embargo la publicación en Praga de sus ensaladas a cargo de Mateo Flecha «el joven» (así llamado para distinguirlo de su tío), demuestra su prestigio. También su repercusión internacional, al ser citado además por numerosos autores tanto en España como en la recientemente descubierta América. Relacionado con la festividad navideña, el pintoresco nombre del género –del cual es prácticamente su creador– se debe a los elementos heterogéneos que lo integran: textos religiosos y profanos, cultos y populares, poéticos, cómicos, serios, irónicos… conviven bajo diversas lenguas y en todas las texturas musicales practicadas en su tiempo, el maravilloso Renacimiento.

La polifonía del Renacimiento

Adentrarnos en el exquisito mundo de la polifonía del Renacimiento equivale a recibir un baño de luz; para muchos, quizás incluso un bautizo… Al final de un largo proceso de aproximadamente medio milenio, el cual nos lleva de la monodía gregoriana al estallido de la polifonía gótica, nos centraremos en la plenitud de la polifonía renacentista. La repercusión y divulgación internacional de la inmensa obra de sus autores fue posible gracias a la oportuna coincidencia de su trabajo con la aparición de la imprenta musical. Quizás nos sorprenda saber que, aunque realmente no es la música más habitual que escuchamos, este estilo está más presente de lo que pensamos. Y lo es tanto por su origen en el canto gregoriano, base de nuestra cultura musical, como por la continuidad en su práctica.

«Ecos de Venecia»

A lo largo de la historia, numerosos autores (y más aún, autoras) de notable repercusión internacional en sus respectivos tiempos, han sufrido una cruda oscilación en su prestigio posterior que les ha hecho caer en el olvido. De entre todos, lo que tal vez más nos sorprende es que incluso el hoy archiconocido Antonio Vivaldi desapareciera prácticamente del mapa hasta los años 30 del siglo pasado! Junto con la música de sus contemporáneos Tomasso Albinoni y los hermanos Alessandro y Benedetto Marcello, hoy también recuperados, dedicaremos la sesión a seguir el extraño camino que ha devuelto a la luz sus piezas. En el caso de Vivaldi, fueron Las cuatro estaciones (y especialmente La Primavera), las que mantuvieron una cierta presencia del compositor durante los siglos de olvido gracias a adaptaciones de lo más sorprendentes. También la figura de Johann Sebastian Bach, siempre atento a la música de sus contemporáneos, preservó su memoria con varios arreglos para teclado de otros conciertos para violín.

Fernando Sor, romántico sin fronteras

Nacido en Barcelona en 1778 y fallecido en París en 1839, fechas bastante paralelas a la biografía de Beethoven y a la primera generación de compositores románticos, en Sor late el alma del artista viajero. Como tantos otros que también lo han sido, y con una trayectoria que combina exilios, exitosas giras y amargos desengaños, su caso es sin embargo especialmente significativo: formado musicalmente en el monasterio de Montserrat, vivió de forma estable tanto en París como en Londres y Moscú, y cultivó géneros de gran formato como el ballet, la ópera, la sinfonía, el concierto y la música de cámara. Solo su ballet Cendrillon (La cenicienta) obtuvo 104 representaciones en París y, tras pasar por Londres, Marsella, Bruselas…, inauguró el teatro Bolshoi de Moscú en 1825. Antes de dejar esta ciudad, aún le fue encargada la música para los funerales del zar Alejandro I, así como otro ballet para la coronación de su sucesor, Nicolás I. Pero es sobre todo en el campo de la guitarra, instrumento que eleva de forma definitiva a un circuito clásico perfectamente compatible con la riqueza popular, que su música aún vibra en el corazón de tanta gente. El asteroide «(4865) Sor», descubierto en 1988 y llamado así en su recuerdo, le ha colocado para siempre en su merecido lugar.