Rafael Esteve

Sinfonía núm. 1

«Nunca podré escribir una sinfonía… ¡No sabéis lo que es oír detrás tuyo los pasos de un gigante!». Sea o no directamente suya, la tan a menudo citada frase atribuida a Brahms refiriéndose a Beethoven y a cómo le bloqueaba la sensación de tener que alcanzar el listón al que éste había dejado el género sinfónico, expresa de forma muy clara la presión a la que se sintió sometido durante los más de 20 años que tardó en quedar satisfecho con lo que consideraba una tarea titánica. En medio, decenas de borradores pasan a formar parte de otras obras o son definitivamente descartados, para llegar finalmente a lo que parecía imposible: una sinfonía formidable, en la cual Beethoven ya no es un gigante atemorizador sino un compañero de viaje claramente homenajeado entre líneas.

Sonatas para violín y piano núm. 2, 3 y «FAE»

En 1886 y ya en plena madurez artística, al tiempo que trabajaba en sus principales obras orquestales, Brahms dirigió la atención con creciente entusiasmo hacia la música de cámara. De ese año son la Segunda y Tercera sonatas para violín y piano, mientras que la Primera fue escrita en 1879. Sin embargo, sabemos que anteriormente aún había compuesto al menos otra en colaboración con Robert Schumann y Albert Dietrich. Se trata de la conocida como Sonata “F.A.E.”, iniciales de Frei aber einsam («Libre pero solitario»), el lema personal del amigo común de los tres, Joseph Joachim, a quien se la dedicaron como regalo sorpresa el día de su 22 cumpleaños. Todo esto ocurría en 1853, año del significativo encuentro de Johannes Brahms con Robert y Clara Schumann.

Triple concierto

El Concierto por violín, violonchelo y piano en Do Major, op. 56, conocido como «Triple concierto» por el hecho de tener tres solistas, es la única incursión de Beethoven en esta variante del género tan popular en el último tercio del siglo XVIII, y que en la época clásica a veces recibía el nombre de «Sinfonía concertante». Dedicado a su alumno y mecenas Rodolfo de Austria, hermano del mismísimo emperador, la parte de piano es relativamente sencilla justamente porque estaba destinada a que él mismo la tocara. Las otras dos partes, ya concebidas para miembros de la propia orquesta del archiduque, sí presentan una mayor dificultad, especialmente la del violonchelista Anton Kraft. Éste había formado parte de la orquesta para la que trabajó Haydn durante años, y fue pensando en él que Beethoven dotó al violonchelo de un mayor peso en la escritura musical, así como de una cierta función de liderazgo respecto a los demás solistas. A esto se le llama escritura «personalizada», al menos para quienes serían sus primeros intérpretes!

«Mil años de Espíritu Creador»

Desde el canto gregoriano hasta el más riguroso presente, existen algunos textos religiosos recurrentemente musicalizados. Sin duda los principales serían los procedentes de la Misa, pero también el Magnificat y muchos más. Probablemente escrito entre los siglos VIII y IX, la invocación al Espíritu Santo titulada Veni Creator Spiritus, literalmente «Ven Espíritu Creador», podría ser el clamor universal de todo artista. Quizá por eso tantos compositores lo han trabajado, desde los polifonistas de la última Edad Media y el Renacimiento, hasta contemporáneos como Carl Orff o Arvo Pärt. Incluso la cantautora Lidia Pujol se ha hecho sobre él una preciosa versión politextual. Estrenada en 1910, destacamos la ferviente vehemencia con que lo aborda Mahler en la primera parte de su 8a. Sinfonía.

Il ritorno di Tobia

Cuando abordamos el oratorio, lo solemos hacer siguiendo el modelo «inglés» que estableció y consolidó Handel en Londres en los años 30 del siglo XVIII. Más allá del idioma, lo que define este tipo de oratorio es la importante presencia y relevancia musical del coro. Joseph Haydn aborda el género por primera vez en 1775, ya con 43 años, pero lo hace siguiendo todavía el modelo más tradicional basado en la ópera italiana y con una presencia fundamental no tanto del coro sino del aria.
Giovanni Boccherini (hermano de Luigi Boccherini) escribió el libreto de Il ritorno di Tobia a partir de un relato bíblico lleno de magia, sanación y generosidad. Sin embargo, la buena acogida que tuvo el estreno en Viena, no impidió que la obra desapareciera del repertorio cuando se impuso el nuevo modelo handeliano presente en los últimos oratorios del propio Haydn, ya basados ​​la influencia que recibió en Inglaterra. Ni siquiera la revisión a la que més adelante sometió la partitura impidió su olvido hasta su reciente recuperación.

Cantatas de Año Nuevo

Toda la alegría y esperanza que concentramos en el inicio de un nuevo año, queda reflejada en las cuatro cantatas que Johann Sebastian Bach dedica a esa fecha: Herr Gott, dich loben wir, BWV 16; Jesu, nun sei gepreiset, BWV 41; Lobe den Herrn, BWV 143; y Gott, wie dein Name, BWV 171. ¡Que así sea para todos nosotros, y no sólo en el primer día!

Cantatas de Adviento

Entre las numerosas cantatas luteranas de Johann Sebastian Bach, podemos aglutinar 6 en torno al tiempo de Adviento, la preparación para la Navidad a lo largo de los 4 domingos previos. Las revisiones a que las sometió en función de las exigencias profesionales de cada lugar donde trabajaba, las hacen muy interesantes. Con textos de diversos libretistas, hay incluso un himno recurrente del propio Martín Lutero tratado bajo diferentes formas musicales. Aparece en las cantatas destinadas al primer domingo(BWV 36, 61 y 62), y serán las que estudiaremos.

Concierto para piano núm. 23

La serenidad y belleza que lo impregnan no excluyen picos de melancolía muy propios del autor. Técnicamente impecable a nivel compositivo (afirmación de hecho innecesaria ante cualquier obra suya), es uno de los pocos conciertos de madurez en los que nos escribe un primer movimiento siguiendo la más pura «doble exposición» clásica en la Forma de Sonata. Igualmente, es excepcional porque no es tan a menudo que Mozart nos deja escrita una cadenza. A pesar de no ser obligatorio utilizarla, ya que es un momento en el que se espera la libre improvisación por parte del intérprete, casi todo el mundo la mantiene: ¡qué regalo saber qué haría el propio Mozart ante la «página en blanco» que supone improvisar una larga sección al final de un movimiento! Siguiendo su propio y meticuloso catálogo, fue terminado el 2 de marzo de 1786, tan sólo tres semanas antes del siguiente, el Concierto núm. 24, de carácter mucho más intenso y dramático.

Sinfonía núm. 4

De expresividad radiante vehiculada por una maestría compositiva del más alto vuelo, la Cuarta sinfonía de Beethoven marca el camino hacia la plena madurez del autor en el gran viaje que culminará en la Novena. Incomprensiblemente subestimada, al igual como lo son las dos primeras o incluso la Octava, quizás la bienintencionada descripción de Schumann, que la comparaba a «una esbelta doncella griega entre dos gigantes nórdicos» refiriéndose a la innovadora 3a., la «Heroica», y a la siempre impactante 5a. Hoy, cuando quizás –sólo quizás— nos empezamos a liberar de tantos tópicos como rodean a la música clásica, la podemos valorar y disfrutar con total plenitud y justicia.

Monográfico: «una mañana de Lieder»

Al modo de los Liederabend (noches de Lieder), en los que Schubert daba a conocer en la intimidad del círculo de amistades sus nuevas creaciones en el formato musical más universal que existe, nosotros también compartiremos una mañana con sus canciones. Si bien la canción está presente en todas las épocas y culturas, también es cierto que ha sido gracias a él que el Lied (en alemán «canción», pero también «poema») adquiere una nueva dimensión que lo sitúa entre los principales géneros clásicos de su tiempo, tan importante como lo pueda ser la ópera, el concierto o la sinfonía. Recogiendo todas las imágenes del mundo poético del Romanticismo, cada una de sus canciones es un pequeño tesoro de resonancias infinitas.