Rafael Esteve

Sinfonía núm. 8

Escrita en relativamente poco tiempo si la comparamos con la larga gestación de la mayoría de sus obras, el propio autor la definió como «pequeña sinfonía». Esto, junto con sus proporciones clásicas y el sentido del humor que la impregna, quizá contribuyó a que a medida que avanzaba el siglo XIX y ya entrando en la historiografía a menudo grandilocuente de principios del XX, se la viera como una creación menor comparada con la mayoría de sus títulos y la aspiración trascendente que emanaban. Hoy, libres de prejuicios, podemos disfrutarla como genial pieza de madurez escrita con una elevada e impecable conciencia artística, independientemente de su corta génesis y aparente ligereza.

Sonatas para violín y piano 7 y 9, «Kreutzer»

Escritas en los albores del siglo XIX, entre 1800 y 1803, tanto la Sonata núm. 7 como la conocida como «Sonata a Kreutzer», reflejan una las etapas más fértiles y a la vez complicadas de un Beethoven abrumado por la sordera. Si bien la primera lleva una dedicatoria de carácter protocolario al zar Alejandro I de Rusia, la segunda destaca un nombre de manera bastante especial: «al suo amico R. Kreuzer (sic)» …cuando este tal Rodolphe Kreutzer, un conocido violinista francés de la época, nunca la quiso ni tocar por considerarla incomprensible! La razón de este hecho es la culminación de una historia tan extraña como inverosímil, fruto del encuentro y desencuentro con otro músico a quien primero había dedicado la pieza. Quizás esto ya sea una muestra de las pasiones que genera la obra, la cual todavía dará pie a un curioso vínculo con la literatura en la novela del mismo título de Tolstoi y a otras secuelas dignas de ser mencionadas. Sea como fuere, por fuertes que sean las anécdotas personales, no deben hacernos olvidar que estamos ante dos sonatas de altísimo nivel musical.

Misa en Fa Mayor, BWV 233

Posiblemente escrita entre 1738 y 1739, esta Misa en Fa Mayor (mucho menos famosa que la gigantesca Missa en si menor), pertenece el grupo de las cuatro «misas breves» (BWV 233-236) conocidas como «Misas de Kyrie y Gloria» debido a que sólo las integran estas secciones, o también «Misas luteranas» por el hecho de que estas dos partes iniciales de una misa católica eran compatibles con el servicio religioso luterano. Después de un maravilloso Kyrie en el estilo que en la época llamaban «antiguo» por el hecho de evocar el lenguaje polifónico del Renacimiento, arranca uno de los Glorias más «barrocos» y trepidantes imaginables, el cual también se subdivide en varias secciones internas para continuar en un viaje por las variadas texturas musicales que el autor dominaba a la perfección.

Las sinfonías de Emilie Mayer

Trágica niñez y espléndida madurez. Así podríamos resumir la trayectoria de esta prolífica compositora, autora de ocho sinfonías y una cantidad ingente de canciones y música para piano. Sólo en el campo de la música de cámara tenemos 11 tríos con piano, 7 cuartetos de cuerda, 10 sonados por violín, 13 para violonchelo y todavía podríamos seguir el listado… Nosotros lo estudiaremos en el campo sinfónico, donde además de las mencionadas sinfonías, también es autora de un concierto para piano y numerosas aberturas. Contemporánea de Clara Schumann y, como ella de gran repercusión en su día, cayó posteriormente en un olvido del que vale la pena rescatarla!

Música acuática

Muy vinculada a la vida social y política de la Inglaterra de la primera mitad del siglo XVIII, la Música acuática (Watermusic) de Handel presenta más misterios que certezas, empezando con que nadie sabe exactamente cómo sonó aquella música sobre el río Támesis. Como suele ocurrir con la música clásica, donde a menudo encontramos más anécdotas inventadas que las que la propia historia (ya por sí sola bastante interesante) nos deja como reales, tendremos que dilucidarlo mientras disfrutamos al máximo de toda su belleza y energía.

Má vlast («mi patria»)

Así como entre la historia en la leyenda no siempre sabemos muy bien dónde está línea divisoria, lo mismo ocurre entre la descripción directa y la alegoría cuando utilizamos el lenguaje de la música, mucho más abstracto que la imagen o la palabra. Inquietudes primordiales del nacionalismo romántico, estos elementos serán las premisas de Má vlast, el conjunto de poemas sinfónicos que Smetana dedica a su patria checa, el más conocido de los cuales es el retrato casi cinematográfico del río Moldava.

Noche transfigurada

Una profunda crisis artística hizo plantearse a Schönberg una pregunta bastante pertinente: ¿era la armonía tradicional, basada en la tonalidad, un camino ya agotado? Después de años de reflexión en los que la dejaría totalmente a un lado para crear obras atonales, llegó a la conclusión de que había que crear un nuevo sistema. Así apareció el dodecafonismo (o serialismo), una forma de organizar esta atonalidad a partir de una ordenación predeterminada por el propio compositor de los doce semitonos que integran la escala cromática.

Concierto para piano núm. 2

El Segundo concierto para piano de Brahms contrasta con el tono trágico y austero del Primero, iniciado a los 21 años y terminado con 25. Casi 23 años separan pues dos aproximaciones a la combinación instrumental que tantos frutos ha dado a lo largo del Romanticismo. Autor ya plenamente consagrado aquí ya con 47, pronto se le considerará el tercer miembro (junto a Bach y Beethoven) de la tríada conocida como «las tres bes» de la música alemana.

Trío con piano, op. 17

Clara tiene 27 años. Lleva 5 casada con Robert y es madre de cuatro hijos, y aún lo será de cuatro más. Compaginando una intensa vida familiar con su labor como concertista internacional, todavía encuentra el tiempo para componer música de primerísimo nivel. Llena de sutilezas formales dignas de ser analizadas en profundidad y sobretodo admiradas, este Trío en sol menor es la primera en formato camerístico que compone más allá del repertorio para piano solo –incluido el Concierto que escribió entre los 13 y los 16 años– y el Lied.

«Vivaldi en París»

Pese a su actual prestigio, quizá nos sorprenda saber que no ha sido hasta un tiempo relativamente reciente que las piezas de Vivaldi han resurgido a la luz. Sólo Las cuatro estaciones, entre muy pocas obras más, garantizaron una cierta presencia de su autor durante los siglos de olvido. Sin embargo, lejos de mantenerse fieles al formato original de cuatro conciertos para violín, lo fueron en adaptaciones de lo más diversas, algunas tan interesantes como el motete Laudate Dominum de Michel Corrette (1707-1795) y otras totalmente surrealistas, como las gaitas que incluye Nicolas Chédeville (1705-1782) para la orquesta de la corte de Luis XV.