Edvard Grieg es sin duda el compositor noruego más internacional. En 1874, en los inicios de su carrera profesional pero ya bien reconocido en su país, recibió una carta del consagrado dramaturgo Henrik Ibsen (1828-1906) solicitándole la partitura para una puesta en escena de su maratoniano drama Peer Gynt. Contrariamente a lo que podría parecer por la frescura del resultado, Grieg no encontró el trabajo nada fácil. Sin embargo, la producción tuvo un gran éxito y el propio Ibsen reconoció que la música fue un factor importante del mismo. La enorme popularidad que han alcanzado algunos fragmentos de la obra, que han hecho vida propia en forma de las dos Suites para orquesta, así lo demuestra.
Concierto para piano en la menor
Obra de juventud (1868), el merecidamente popular Concierto para piano de Grieg sigue el modelo del de Robert Schumann (1845), y también se convirtió en modelo de referencia para el Primer concierto para piano de Serguei Rachmaninov (1891)… Curiosa y significativa cadena de influencias y homenajes muy frecuente en todas las artes.
El Mesías
Desde la altura de una música en todo momento magnífica tanto en lo que se refiere a los fragmentos más conocidos como a los que lo son menos, y pese a no encontrarnos necesariamente en días navideños, hoy todos admiramos esta obra tradicionalmente asociada a la Navidad. Entre muchos más detalles que descubrimos al contextualizarla, nos sorprenderá saber que fue concebida para otro momento del año.
L’Allegro, il Penseroso ed il Moderato
Evidentemente no tan conocido como El Mesías, lo que quizás no sabemos es que el oratorio profano L’Allegro, il Penseroso ed il Moderato fue escrito pocos meses antes y reelaborado en paralelo al gran oratorio sacro de referencia. Su extraño título en italiano, nos propone una interesante inmersión en la psicología de la época basada en la teoría de los «humores» que determinan el carácter de la persona. Más allá de esto, nos permite adentrarnos en uno de los escritores más importantes del barroco inglés, John Milton (1608-1674), con el moderado contrapunto de Charles Jennens, también libretista de El Mesías.
Saúl
Saúl constituye un ejemplo emblemático de “oratorio inglés”, la nueva variante del género creada por Handel como alternativa a la crisis profesional en que le sumió, en Inglaterra, el progresivo desinterés del público hacia la ópera italiana y las excentricidades de sus divos y divas. Pero más allá de los géneros musicales, el enorme dramatismo de la obra también nos permite verla como un perfecto “manual de psiquiatría” musical, pues pone de manifiesto de manera impecable lo que hoy reconoceríamos como un claro trastorno mental: el que, según nos relata la Biblia evidentemente con otra terminología, sufría el rey Saúl. El joven e inminente rey David también puso, con su arpa, las bases de la futura musicoterapia.
Israel en Egipto
Establecido en Londres desde 1712, Handel marca un hito importante en la creación durante la década de los 30 del siglo XVIII de algo con la suficiente personalidad como para darle nombre propio: “oratorio inglés”. Si bien se enraíza en la sólida tradición del género que desde Italia ya se ha expandido y desarrollado por toda Europa a lo largo del siglo anterior, le otorga un rumbo novedoso que va más allá del idioma. Entre sus oratorios ingleses, destacan dos bien originales por el hecho de no seguir un libreto de tipo teatral, sino un mosaico de textos bíblicos. Un de ellos es el conocido El Mesías; el otro, Israel en Egipto, supone su antecedente inmediato.
Pasión según San Juan
De atribución aún un tanto dudosa al autor de El Mesías, esta magnífica obra de juventud, escrita en la ciudad de Hamburgo en 1704, recoge con algún rasgo de originalidad la tradición de las pasiones luteranas que culminarán en su propia Brockes-Passion y las de su ilustre colega Johann Sebastian Bach.
Brockes-Passion
Publicado en 1712, el texto sobre la Pasión de Barthold Heinrich Brockes fue musicalizado por numerosos compositores. Incluso fue utilizado parcialmente por J.S. Bach en su Pasión según San Juan. Esencialmente barroco, proyectando luces, sombras e imágenes casi en movimiento, no es de extrañar que tuviera tanta aceptación en su tiempo. En uno de sus viajes al continente, Handel, el flamante compositor alemán establecido a Londres, decide también ponerle una música que más tarde «reciclaría» (algo habitual en la época y recurso especialmente utilizado por él) en otras composiciones.
Las suites orquestales (Handel)
Junto a El Mesías, hay dos obras instrumentales de su autor que se han hecho populares en la misma medida. Son la Música acuática y la Música para los reales fuegos artificiales. Se trata de dos legendarias suites para orquesta, a menudo con más anécdotas inventadas asociadas a ellas, que las que la propia historia (por sí sola ya bastante interesante) nos deja como auténticas.
Monográfico: «Los oratorios profanos»
Generalmente asociamos el término «oratorio» a un género sacro. Sin embargo, también existe la variante del oratorio profano, sin una base directamente religiosa pero siempre con un tono trascendente de reflexión ética y humana. En manos de Handel, ambos van adquiriendo un notable peso coral que los convertirá en modelo de referencia para sus sucesores. Los hechos que determinan esta evolución se precipitan a partir de la llegada a Londres del compositor, de origen alemán, tras una larga estancia en Italia. Toda una multitud de influencias que propiciarán esta nueva visión del género, el cual, en honor no sólo a Handel sino también a su país de adopción, también se conoce como «oratorio inglés».