Rafael Esteve

Norma

Más allá de las ebulliciones pasionales de un drama romántico enmarcado en la antigua Galia, o del irresoluble conflicto emocional de una sacerdotisa enamorada, en la búsqueda radical de la belleza vocal de Bellini vibra un grado de exquisitez casi insostenible. Si nos apetece jugar con las palabras, podemos decir que el tratamiento de la voz operística del bel canto genera un canto predestinado a convertirse en bello una vez cifrado en su apellido.

Grande Messe des morts

El propio Berlioz escribió que, «si me obligasen a destruir la totalidad de mi obra excepto una pieza, salvaría la Misa de los muertos.» Encargo del gobierno francés en 1837, esta “gran misa” no es otra cosa que un Réquiem de colosales dimensiones, con el mismo texto en latín que tantos otros compositores han musicalizado a lo largo de la historia, aunque tratado con algunas licencias. 400 intérpretes, entre instrumentistas y cantantes, participaron en su estreno. Al respecte, el propio Berlioz también dejó escrito lo siguiente: «este número es relativo, ya que si es posible y el espacio lo permite, aún habría que doblar o triplicar el número de voces y aumentar el de los instrumentos en proporción».

Sinfonía fantástica

El iniciador y casi único representante del Romanticismo francés más exacerbado, nos explica en este “episodio de la vida de un artista” una obsesión amorosa traducida en idée fixe musical. Bajo un brillante lenguaje orquestal, los aspectos formales y descriptivos entran en simbiosis, consolidando así el polémico ámbito de la música programática del siglo XIX.

La mer

En Francia, hace más de un siglo, la palabra “impresionismo”, de por sí ya bastante sugerente y atractiva, fue usada en principio de manera peyorativa para descalificar un estilo pictórico basado en los efectos de la luz y el color. Éste fue el inicio de una de las tendencias más interesantes de la historia de la pintura. Con toda la cautela que debe implicar la importación de etiquetas entre las artes, podemos afirmar que el término “impresionismo musical” se adapta perfectamente al lenguaje genuinamente francés de Debussy, el cual supo imbuir su música de la atmósfera tornasolada que emanaba aquella corriente vanguardista. La mer es, sin duda, una de las pruebas más evidentes de ello.

L’elissir d’amore

Gestada con prisas porque un colega no había presentado su obra en el plazo previsto, Donizetti sólo dispuso de dos semanas para escribir la que sería una de las cimas de su producción. Estrenada el 12 de mayo de 1832 en Milán, obtuvo desde su inicio un éxito triunfal que ya nunca sería eclipsado. La que sin duda es una de las más preciosas joyas de la ópera cómica del siglo XIX, no excluye momentos de delicada melancolía alternados con los pasajes más hilarantes.

Monográfico «John Dowland»

Contemporáneo casi estricto de Shakespeare (1564-1616), el compositor y laudista inglés John Dowland encarna por excelencia la voz de la melancolía. Melancolía eterna que transciende su tiempo, hasta el punto de haber sido recuperado con gran éxito por un emblema del pop actual como es el cantante Sting. Títulos como Flow my tears (Fluid lágrimas mías), In darkness let me dwell (Dejadme vivir en la oscuridad), o el autoretrato –tal vez no exento de una cierta ironía– Semper Dowland semper dolens (Siempre Dowland, siempre doliéndose), son algunos de los ejemplos más emblemáticos de esta siempre afligida pero siempre exquisita sensibilidad.

Trío en re menor

Fanny Mendelssohn, conocida igualmente por su apellido de casada: Fanny Hensel, o Fanny Mendelssohn-Hensel, fue la hermana mayor de Felix Mendelssohn. Ambos mostraron desde niños un enorme talento musical, tanto en calidad de intérpretes como de compositores. Sin embargo, su producción, de unas 500 piezas, apenas comienza a recuperarse. Los prejuicios de su tiempo, vigentes hasta hace poco, dictaminaban que la música no era carrera respetable para una chica (de hecho, ninguna otra profesión), razón por la que ciñó su labor al círculo familiar. De todas las mujeres compositoras, es ella quien más intensamente suscita la pregunta «¿cómo sería su obra si hubiera podido desarrollar plenamente su potencial?».

Fausto

El mito de Fausto, inmortalizado por Goethe pero arquetípico en la esencia humana, ha sido tratado por todas las artes, desde la pintura a la literatura y la música, o más recientemente el cine. Y la ópera, como síntesis de algunas de estas disciplinas, no podía quedarse al margen. Conectando con el rico lenguaje operístico francés de mitades del XIX, tenemos este tenebroso y a la vez delicioso Fausto de Gounod, origen de iconos culturales que han adquirido vida propia, como la diva Bianca Castafiore de los cómics de Tintin.

Messe de Requiem

La larga génesis de esta obra, con múltiples revisiones y ampliaciones, reafirma la posición con que el autor aborda un género, el réquiem, que tantos exponentes de altísima calidad ha inspirado a lo largo de la historia. Cada época y compositor, especialmente en los siglos XIX y XX, han proyectado en él sus criterios e inquietudes. Fauré lo llenó de serenidad.

Orfeo ed Euridice

Estrenada en Viena en 1762, Orfeo ed Euridice de Gluck ha pasado a la historia no sólo por las innegables cualidades musicales de una nueva revisión del mito de Orfeo… En primer lugar, porque encarna los ideales operísticos de sus autores, expresados en uno de los varios intentos de “reforma” que marcan el desarrollo del género. Así, reivindicando una senzillez en la música y el texto que anuncia el inicio del clasicismo, trataron de dejar atrás tanto las embrolladas tramas de la ópera seria barroca, como su extremo y a veces gratuito virtuosismo. Una segunda razón, es que tal vez nos encontramos ante la obra que más cambios y revisiones ha sufrido con el paso de los años, empezando por las diferentes adaptaciones a los gustos de otros países que realizó el propio autor. Después de su muerte, el proceso quedó totalmente fuera de control, hasta al punto que recuperarla hoy en su formato original casi se ha convertido una misión tan heroica como el rescate de la protagonista.