Rafael Esteve

Conciertos para piano núm. 1 y 2

En unos años en que el instrumento evolucionaba día a día de una manera tan espectacular como hoy lo hacen los ordenadores o los teléfonos móviles, los dos primeros conciertos para piano de Beethoven (escritos en orden inverso a su numeración) representan un antes y un después en el desarrollo del género. Si bien ambos respiran un aliento bastante clásico, ya anticipan el espíritu romántico de quien será uno de los principales referentes musicales y culturales del nuevo período.

Concierto para piano núm. 3

Compuesta en 1800 y estrenada en 1803, he ahí una obra escrita en la frontera. Y no sólo la del siglo XIX, sino sobre todo la frontera interna que marca la asunción de una enfermedad, la sordera, que determinaría no sólo la profesión de Beethoven (de intérprete/compositor a compositor en exclusiva), sino toda la evolución estilística de su lenguaje musical. Entre estas fechas, del año 1802 es el sobrecogedor documento conocido como «Testamento de Heiligenstadt», donde fue capaz de verbalizar tanto dolor. Una carta nunca enviada que comienza dirigiendo a sus hermanos y acaba hablando a toda la humanidad, e incluso al mismo Dios: Tú que puedes ver desde arriba el fondo de mi alma, sabes que estoy lleno de amor y deseoso de hacer el bien. Hombres: si algún día leéis esto, pensad que a pesar de todos los obstáculos de la naturaleza, os amo y he hecho lo posible para llegar a la altura de los artistas y de las personas dignas. (…) Si la muerte viene antes de que tenga la oportunidad de desarrollar todas mis posibilidades artísticas, entonces habrá llegado demasiado pronto, y a pesar de la dureza de mi destino, quisiera que se retrasara… No me olvidéis, tengo derecho a esperar que me recordéis por haberos querido hacer felices. Sedlo.

Concierto para piano núm. 4

Escrito en paralelo a las Sinfonías 5 y 6, el Cuarto concierto para piano fue presentado al publico el 22 de diciembre de 1808 en una maratoniana sesión junto a éstas y otras obras. El estreno rozó el desastre debido a los problemas de sordera del solista, el cual no era otro que el mismo Beethoven. Más allá de la anécdota, este hecho marca un antes y un después en el desarrollo del concierto romántico por la manera como su autor enfocará la composición del Quinto concierto, ya con la consciencia de que no será él el primero en interpretarlo.

Concierto para piano núm. 5, “Emperador”

Uno de los conciertos más emblemáticos dentro del repertorio pianístico, poseedor de un título tan conocido como discutible por la aversión de su autor hacia las veleidades imperiales del ciudadano francés de gran renombre que todos conocemos. Siguiendo el modelo clásico y escrito con plena conciencia de que no sería el propio compositor quien lo estrenaría, el de Beethoven marca un punto de inflexión hacia el concierto romántico que lo convierte en punto de referencia histórico. Si a este hecho le sumamos su altura musical, ya no tenemos ningún inconveniente en considerarlo un auténtico “emperador”, “kaiser” o incluso “zar” del género concertístico.

Concierto para violín

Rendimos homenaje al compositor que tal vez más ha impactado en el conjunto de la humanidad con una de sus piezas actualmente más valoradas. Es por ello es sorprendente ver como una obra que no sólo ha pasado a la historia como referente ineludible del repertorio, sino que afortunadamente también goza de una alta estima popular, fue recibida en su día de manera hostil tanto por el público como la crítica. En todo caso, nos tranquiliza ver como el tiempo la ha resituado en el lugar que se merece.

Fidelio

En el año Beethoven, abordamos un canto a la libertad y a la dignidad humana que trasciende a todos los tiempos. Quizá precisamente por este deseo de trascendencia, el autor revisó una y otra vez la partitura, e incluso el título –que durante unos años fue Leonora— fue puesto en duda y cambiado varias veces. Reconociendo la dificultad que para él representaba abordar un género que para otros parecía tan sencillo, uno de los mayores músicos que nunca han existido entró también en la historia de la ópera.

Monográfico: «Los conciertos para piano»

En unos años en los que el instrumento evolucionaba día a día de una manera tan espectacular como hoy lo hacen los ordenadores, los cinco Conciertos para piano de Beethoven representan un antes y un después en el desarrollo de un género que, como la sinfonía o la sonata, no podía seguir igual habiendo pasado por sus manos y mente privilegiadas.

Monográfico: «Las sonatas para violín y piano»

Beethoven escribe sus 10 sonatas para piano y violín (o violín y piano, es tal el equilibrio de protagonismo entre los dos elementos del dúo que tanto da en qué orden se enuncien) entre 1796 y 1812. Una etapa bastante larga como para ver una importante evolución estilística, en paralelo a otros géneros que trabaja durante largos periodos de tiempo como las 9 sinfonías, los 16 cuartetos de cuerda o las 32 sonatas para piano solo. Desde las tres primeras, dedicadas a Antonio Salieri, hasta la núm. 10, no solo han pasado 15 años, sino que se ha producido toda una transformación vital. De entre todas ellas destacaremos esta última, una de las obras con el apodo más absurdo de la historia («El canto del gallo», afortunadamente poco empleado) y otras dos con títulos bastante más acertados, aunque no siempre puestos por el autor. De hecho, la única que tituló con una dedicatoria, tiene una historia tan extraña como inverosímil: la núm. 9, conocida como «Sonata a Kreutzer», lleva el nombre de un intérprete que no la quiso ni tocar. Quizás porque una música de la que apenas se esperaba nada más que estar muy bien escrita, de repente empezó a remover pasiones internas que no dejaban indiferente a nadie. Incluso el escritor León Tolstoi le dedicó una novela… Sea como sea, estamos ante una obra increíble en todos los aspectos, más allá de las incontables anécdotas que la rodean. Y en medio de toda la serie, la joya de belleza más pura escrita en un momento de máxima desolación: la Sonata núm. 5; esta sí, indisociable del apodo «Primavera» que Beethoven tampoco le puso.

«Sonatas para piano»

Una visión a vuelo de pájaro al conjunto de las 32 Sonata para piano de Beethoven nos permite ver la evolución de un artista único a partir de un género que supo llevar hasta a todos sus límites, tanto externos como, sobretodo, internos. Una mirada cada vez más introspectiva, aislada del mundo y sumida en el silencio de la propia sordera, sí, pero también conectada al resto de la humanidad desde lo más profundo de su ser. En  la sesión de este  curso (y en Gerona con concierto de Marc Piqué en la segunda parte de la charla), nos concentraremos en las Núm. 5, op.10/1; Núm. 23, op.57, «Appassionata»; i Núm. 26, op.81a, «Les Adieux».

Monográfico: «Los últimos cuartetos de cuerda»

En el corazón de la música, tal vez en su esencia, encontramos la música de cámara. Pero más adentro habita un silencio que incluye todos los significados. En los seis últimos cuartetos de cuerda, género que Beethoven cultivó a lo largo de toda su trayectoria, encontramos un abanico expresivo que nos lleva de la desolación y melancolía más extremas a la alegría e incluso la euforia, pero también al grito de angustia que anticipa algunos de los momentos más impactantes de las vanguardias del siglo XX. Entremedio pasamos por todos los estados, incluida la irritación … Quizá por eso el editor le sugirió que publicara por separado la gran fuga que debía culminar el penúltimo, del todo excesiva como para formar parte de un género tan refinado. Quizá por eso, también, la partitura del último movimiento del último cuarteto incluye, como si las tuvieran que cantar el instrumentos, tres sorprendentes palabras: es muss sein? ( «Debe ser?»). La pregunta es tan enigmática como clarificadora, pues sólo cambiando el interrogante por un signo de exclamación se convierte respuesta.