A finales de la Edad media se produce uno de los avances más espectaculares de la historia de la música: el advenimiento de la polifonía. A pesar de que de bien seguro ya existía con anterioridad de manera improvisada –igual como se practica en cualquier otro lugar y momento histórico–, es a partir de la introducción de la notación musical en aquel período que empieza a ser cultivada con plena consciencia. Este proceso, el cual se consolida y culmina en el Renacimiento, es una de las causas de la increíble evolución de esta música que llamamos “clásica” occidental durante el siguiente milenio.
La música en tiempos de Goya (1746-1828)
Cuando decimos “la música en tiempos de Goya (1746-1828)”, abrazamos un período que incluye un repertorio especialmente brillante dentro la historia de la música, pues su nacimiento coincide con el final de la vida de los últimos barrocos (Vivaldi muere en 1741, y J. S. Bach en 1750), y su muerte con la de la primera generación de románticos (Beethoven morirá el 1827, y Schubert en el mismo 1828). En medio, Mozart y Haydn: el Clasicismo en la más alta expresión. Este abanico cronológico, nos permitirá ver no sólo aquellos grandes nombres, sino también la más modesta, pero no menos interesante, producción musical de los compositores de su convulso país en un momento histórico especialmente complicado.
Introducción al canto gregoriano
El canto gregoriano ejerce sobre el público moderno una extraña fascinación. Con textos y sonidos que resultan a la vez familiares y remotos, nos evoca una espiritualidad asociada a la soledad de los claustros románicos, a la magnificencia de las naves catedralicias y a la cotidianidad de los monasterios que aún lo practican. Pero sobretodo, podríamos decir que hace resonar una fibra mística que todos llevamos dentro. Su aparente simplicidad esconde una refinada sofisticación melódica que sólo se puede percibir y disfrutar desde una atención que debe reaprender a ser sutil.
El mito de Fausto en la música clásica occidental
El doctor Fausto, ya con una larga trayectoria antes de que Goethe lo elevara a la categoría de mito, es uno de esos personajes que ha cruzado todos los campos de las artes. El deseo de conocimiento, siempre insatisfecho, es el motor que lo lleva hacia su condenación o salvación según qué autor le trate. La música también lo ha retratado en innumerables ocasiones, muchas de ellas con la categoría de obras maestras, especialmente en manos de los compositores románticos.
«Música y Palabras», cartas de compositores
Como un paseo por la vida, la faceta no siempre conocida de los grandes compositores expresándose en palabras, es la muestra más palpable de un lado humano que nos los hace próximos y los retorna a la categoría de seres iguales a nosotros. A veces de una inspiración tan elevada como su música, otras llenas de humor, pasión, melancolía, o simplemente cotidianidad, las cartas son una excelente herramienta para comprender un poco mejor su época y su producción, así como una biografía que demasiado a menudo los ha situado en pedestales artificiosos.
Quijotes musicales
El Quijote ha dejado de ser tan solo un personaje literario, para devenir el arquetipo de una manera de comprender la vida que va más allá de las intenciones primigenias de Cervantes. Como tantos otros personajes que han desbordado los límites de sus páginas originales, ya sea desde la comicidad de algunos episodios como desde las connotaciones trágicas de su triste figura, el “antiheroico” caballero ha pasado al campo de la música con una lista de obras sorprendentemente larga. Telemann, Paisiello, Mozart, Richard Strauss, Massenet o Manuel de Falla son sólo una pequeña parte de los compositores que lo han tratado.
Sinfonía núm. 5
La obra más conocida de todo el repertorio sinfónico, fue en su momento algo lo bastante novedoso como para hacer avanzar la música hacia concepciones sencillamente revolucionarias. El impacto que causó en su tiempo queda perfectamente reflejado en este comentario del escritor E.T.A. Hoffmann, el cual, en los albores del Romanticismo hacía de ella el emblema de un nuevo estilo: “La música de Beethoven provoca terror, espanto y dolor, a la vez que despierta aquel anhelo infinito que es la esencia del Romanticismo”.
Sinfonía núm. 6, “Pastoral”
Escrita en paralelo a la Quinta sinfonía (de hecho se estrenaron con la numeración intercambiada), fue estrenada en Viena el 22 de diciembre de 1808 en una maratoniana sesión junto con el Cuarto concierto para piano y la Fantasía coral, entre otras obras. Originalidad y tradición confluyen en un proceso creativo que fue motivo de grandes dudas artísticas para su autor, especialmente en lo que se refiere al uso de títulos que pudieran condicionar al público a hacer una lectura en imágenes. “¿Pintura musical?”… “¿Evocación de sentimientos?”… En todo caso, la Pastoral, uno de los cantos más preciosos que se han hecho nunca a la naturaleza, supera cualquier debate sobre la finalidad descriptiva de la música para culminar en un himno de gratitud.
Sinfonía núm. 7
Hay quien la llama “sinfonía de la danza” por sus ritmos trepidantes y obstinados llenos de magia… Sin embargo, la Séptima de Beethoven no es otra cosa que música en estado puro. Tanto si deseamos coreografiarla físicamente, o bailarla con los gestos más íntimos del alma, averiguaremos el porqué situándola en contexto y escuchándola en profundidad para comprenderla mejor y, sobre todo, disfrutarla aún más.
Sinfonía núm. 9
Escrita desde la desolación, la obra culminante del corpus sinfónico beethoveniano es, al mismo tiempo que una clase magistral de composición, una reivindicación de la alegría y una llamada a la humanidad tan vigente hoy como en su tiempo.