Como si de un adiós consciente al género sinfónico se tratase, en la última de las sinfonías mozartianas –conocida con el nombre de “Júpiter”– conviven les distintos lenguajes que cultivó el autor a lo largo de una vida tan breve como prodigiosa. Desde la culminación del Clasicismo, en ella asistimos también a la consolidación de un género crucial en el posterior Romanticismo.
El rapto en el serrallo
La obra que abrió las puertas de Viena a su autor, nos transporta a un mundo de ligero exotismo que paradójicamente nos da pistas muy valiosas sobre su contexto más inmediato: un día a día musical y vital que nos ayuda a comprender el inicio de la última etapa de una biografía prodigiosa.
Las bodas de Fígaro
Partiendo de sus arquetipos humanos y musicales, Las bodas de Fígaro va mucho más allá de la ópera buffa convencional para sumergirnos en un mundo donde el sentimiento adquiere una importancia en absoluto incompatible con la comicidad de unos líos aparentemente sin salida. Y todo ello con una música extraordinaria de principio a fin. Con esta maravilla operística, basada en la continuación de la obra teatral El barbero de Sevilla, Mozart y su libretista Lorenzo de Ponte inician la que hoy conocemos como “Trilogía de Ponte”, el genial tríptico que completan Don Giovanni y Così fan tutte.
Don Giovanni
Casi podríamos decir que el Don Giovanni de Mozart y da Ponte anticipa, desde el llamado “Siglo de las luces”, uno de los rasgos más característicos que tendrá el futuro Romanticismo: la atracción por la noche y la oscuridad. A pesar de llevar la etiqueta de ópera buffa –por lo tanto, “cómica”–, la sonrisa se nos congela en los labios cuando vemos el avance implacable del argumento hacia un final lleno de un terror y una energía que retumba desde el abismo.
Così fan tutte
Con Così fan tutte nos encontramos ante un derroche de genialidad. Una gran broma, sí, pero con un punto de seriedad y mucha ironía. Fascinante como toda su música, la última ópera buffa de Mozart nos hace reír, sonreír y también pensar.
La flauta mágica
De manera casi unánime, La flauta mágica cautiva a los más pequeños y conmueve al público adulto. ¿Por qué? Tal vez porque bajo la apariencia de un cuento deliciosamente alocado, nos adentra en un mundo de símbolos que resume las aspiraciones más elevadas del ser humano.
Quinteto para clarinete y cuerda
Después de escuchar el Quinteto para clarinete de Mozart sólo nos queda el silencio… Permanecer boquiabiertos ante la profunda introspección que emanan los primeros movimientos, en contraste con la alegría chispeante de los dos últimos. Esencia de la música de cámara por el diálogo constante con sus compañeros de la cuerda, la amplia extensión de notas que se le exige al clarinete, requiere de un instrumento que hoy día casi se tiene que construir expresamente para interpretar tanto esta obra de 1789, como su Concierto de 1791.
Quinteto de cuerda en sol menor
«Cada vez que escucho el Quinteto en sol menor de Mozart, me tengo que esconder en el rincón más remoto de la sala para que nadie vea como me afecta aquella música». Son palabras de Tchaikovsky, tal vez sorprendentes por el hecho de provenir de un compositor emblema del período romántico, haciendo referencia al “clásico” Mozart. Sin embargo, son una prueba más del poder emotivo de una obra introspectiva que transciende las épocas. Si bien a cada uno de sus oyentes le suscitará un efecto diferente, a todos nos hace coincidir en el calificativo de “maravilla”. Una música, tal vez soñada, escrita sin la motivación de un encargo, en una época en que sobrevivir empezaba a ser difícil para su autor.
Monográfico: «obras para clarinete»
Nunca escondió su predilección hacia este instrumento que justo acababa de adquirir las posibilidades técnicas con que hoy lo conocemos. Con la complicidad de su amigo y virtuoso Anton Stadler, las obras que Mozart le dedica marcan un antes y un después no sólo en el repertorio para clarinete, sino en la historia de la música de cámara y el concierto.
Monográfico «de Praga a Júpiter»
Las cuatro últimas sinfonías, de las cuales parece que él sólo pudo escuchar la primera (es decir, la num. 38, “Praga”), encarnan, desde la culminación del Clasicismo, la consolidación de un género crucial en el posterior Romanticismo. En la última, conocida con el nombre de “Júpiter”, como si de un adiós consciente al género sinfónico se tratara, conviven los diferentes lenguajes que cultivó a lo largo de una vida tan breve como prodigiosa.