Aunque parezca mentira, el que hoy es considerado como el más representativo de los ballets clásicos, fue recibido con hostilidad en su tiempo, y su partitura calificada de «demasiado sinfónica y wagneriana«. Estrenado, además, en una época especialmente convulsa de la vida de su autor, no fue sino póstumamente que la obra comenzó a interpretarse de manera íntegra. El que sería el primero de sus tres ballets, se convierte también en una obra capital en la evolución del género porque pone el énfasis no sólo en la parte coreográfica, sino también la musical. Quizás las críticas fueron originadas, al menos en parte, por la sorpresa que en su día esto supuso. Sea como sea, es a partir de El lago de los cisnes, que la excelencia entre estos dos elementos encuentra su lógico equilibrio.
Sinfonía núm. 5
Escrita entre la primavera y el verano de 1888, la penúltima sinfonía de Tchaikovsky comparte algunos rasgos con la siguiente, conocida con el título de “Patética”: ambas están vinculadas a la idea de un “destino” que se expresa sin palabras. Sin embargo, diferencia de la Sexta, la Quinta resuelve en un luminoso y vibrante triunfo final, y además –característica de innegable resonancia beethoveniana–, este “destino” queda reflejado en un tema que reaparece en cada movimiento. Pero más allá de las connotaciones externas, la obra nos interesa por cualidades estrictamente musicales como la forma siempre cambiante de tratar el tema recurrente, el elevado lirismo de algunos momentos contrastado con la fuerza rítmica de otros, o la riqueza de su instrumentación.
Sinfonía num. 6, “Patética”
Enmarcada entre dos adagios repletos de significativas pausas, podríamos definir la impresionante última sinfonía de Tchaikovsky como un viaje de ida y vuelta al silencio. Ya el título insinúa unos contendidos autobiográficos que el autor prefirió no hacer explícitos más allá de sugerir una vida ciertamente vivida desde el dolor. Como en otras obras postreras de algún gran compositor, la “Patética”, estrenada tan sólo unos días antes de su muerte, ha generado misterio y un cúmulo de especulaciones que han contribuido a agrandar –pero también a enrarecer– su leyenda.
Macbeth
Aunque no estemos al cien por cien seguros de que sea el autor de las obras que le otorgan la fama, abordamos uno de los grandes títulos de la literatura universal atribuidos a Shakespeare. Con la angustiosa e implacable descripción de la ambición sin límites por el poder, el argumento nos transporta hasta las cumbres más borrascosas de un dramatismo que no podía dejar indiferente a un compositor romántico como Giuseppe Verdi, ni a tantos otros creadores de todas las artes que han seguido abordando el tema hasta la actualidad.
Rigoletto
Justo en la mitad del siglo XIX, Verdi se arriesga a transfigurar el género operístico de tradición italiana, del que era maestro indiscutible. Y lo hace con un drama extremo y exacerbado basado en la obra teatral Le roi s’amuse de Víctor Hugo, la cual sólo estuvo un día en cartel en el París de 1832 debido a la censura de su tiempo. A pesar de los cambios que la censura italiana también le impuso, fue finalmente en formato operístico que regresó a Francia, mucho antes que la obra original recuperase los escenarios parisinos! Pero también hay que reconocer que es la versión verdiana la que hoy circula con más fuerza por todo el mundo, a pesar de la indiscutible calidad del referente literario.
Il trovatore
Escrita y estrenada justo pasado el ecuador del siglo XIX, cuando a la inocencia del primer Romanticismo le sigue una turbadora selección y tratamiento de temas especialmente oscuros, Il trovatore de Verdi encarna como pocas óperas la explosión que puede desencadenar esta evolución. Fruto del encuentro entre el drama caballeresco español en que se basa el libreto con el gusto por el oscurantismo “gótico” que tanto idealizó el período romántico, ambos ingredientes se completan a la perfección con la expresividad de una música sin calificativos (y unos coros que se han hecho altamente populares), salida de la mano de un compositor con genuina vocación teatral. Más allá de su rocambolesco argumento sobre un trovador ausente, podríamos sintetizar su trama como la tensión entre dos planos temporales –pasado y presente–, cuya interacción y confrontación nos lleva hacia un desenlace, más que trágico, desconcertante.
La Traviata
Casi no hace falta decir nada como presentación de la obra que incluye el brindis más famoso de la historia de a ópera, porque si algún título encarna el concepto más popular del género óperístico, éste es sin duda La Traviata. Sin embargo, cuando en su fuente literaria (La dama de las camelias de Alejandro Dumas) empezamos a explorar el retrato de un personaje convertido en mito que existió en realidad, así como la radiografía sin filtros de una parte de su sociedad, comienza un proceso de asombro creciente. Tal vez esto explica sus múltiples adaptaciones teatrales y cinematográficas, de entre las cuales la de Verdi es sin duda la principal.
Monográfico: «la Trilogía popular»
Justo pasado el ecuador del siglo XIX, Giuseppe Verdi da la vuelta al género operístico de tradición italiana con tres títulos que han merecido el calificativo de «trilogía popular». Se trata de Il Trovatore, Rigoletto y La Traviata, basadas respectivamente en los dramas teatrales El trovador de Antonio García, Le roi s’amuse de Victor Hugo y La dame aux camélias d’Alexandre Dumas. El resultado final, fruto de un siempre difícil equilibrio entre originalidad y fidelidad a las raíces, es de una excelencia musical poco habitual creaciones culturales de éxito masivo.
Falstaff
Después de una más que fértil carrera como compositor de dramas históricos y sentimentales, y después de varios intentos de “jubilación”, imposibles cuando la chispa del genio sigue pugnando para salir a la luz y espera cualquier excusa para volver a ejercer, un Verdi de 80 años nos hace reír a corazón lleno con una nueva versión de un Shakespeare que, si es posible afirmarlo así… ¡¡¡sale beneficiado!!! Y ya sabemos que esto no es frecuente en las adaptaciones operísticas… Lleno de frescura, jovialidad, sorna inteligente y –sobretodo– desafiando cualquier tópico sobre la edad, el autor no tiene el menor miedo a inaugurar un camino de total originalidad en el campo musical.
Messa da requiem
Repleto de intensidad y lirismo, el Réquiem de Verdi nos sorprende por el hecho que asociamos al autor con otro campo de expresión musical, el operístico, en principio muy alejado de la música sacra. La sorpresa aumenta de manera exponencial cuando nos sumergimos de lleno en los códigos que utiliza.